La música es un arte. De eso no hay duda. La verdad es que nos transporta a otra dimensión y nos hace sentir cosas que ninguna otra cosa puede. Es una de mis pasiones. De hecho, me paso el día escuchando música.

Mi estilo favorito es el metal. De todos los colores y condiciones (o de casi todos). Ojo, también me gusta la música clásica, bandas sonoras, incluso el pachangueo, en determinados momentos. Hay música para cada momento. Personalmente se me hace difícil estar, por ejemplo, en un momento romanticón con tu pareja en casa y poner Canibal Corpse o mamá ladilla para ambientar.

Últimamente ando demasiado descolgado del panorama heavy, y estoy tirando mucho de clásicos (lo viejo no tiene por que ser peor que el actual). Últimamente me han regalado el último de Iced Earth “Glorious Burden”. Me ha gustado bastante, sobre todo porque es un CD con temática general. Es decir, cada cancion es un parte de una historia y en un orden concreto configuran una historia. Esta es una de las cosas que no tiene la música comercial, y que, personalmente valoro bastante.

Pero bueno, el post este viene a santo de que estoy escuchando, en mi opinión una de esas joyitas que de vez en cuando son compuestas. También me pasa a veces, que una canción que me gusta mucho, la escucho hasta la saciedad y pasa a un estado indefinido en el cual ya no me dice ni fu ni fa. La canción en cuestión se titula “Ghost Love Score” del grupo Nightwish

Me parece que es una canción lo suficientemente poco metalera, pero lo suficiente compleja de composición como para que casi todo el mundo pueda disfrutar de ella. Si tenéis la oportunidad de escucharla, os la recomiendo bastante. Aunque para el gusto están los colores, oiga.

—Escuchando: Nightwish “Ghost Love Score”—