Buenas,

Hay momentos en la vida de un hombre que simplemente ese momento ya vale todo lo que le haya costado conseguir. Algunos son realmente merecidos, otros, simplemente, son regalos que nos da la vida. Algunos parece que no los merecemos, otros, llegan.

Acabo de llegar de la playa. Si, a las 21:30 estaba llegando de la playa. Me he pegado uno de esos baños por la noche que, realmente, te hacen sentir vivo, te hacen sentir bien y llenan de paz y alegría.

Soy un apasionado del mar. Me gusta mirarlo, pero sobre todo disfrutar de él. Los que tenemos la ventaja de vivir a orillas del cantábrico tenemos olas, no demasiado grandes pero olas. A mi me encanta cogerlas, sin tabla ni nada. A pelo. Es una experiencia genial.

Y esta noche se han juntado los dos elementos: he bajado a la playa y había olitas. Temperatura del agua: perfecta. Temperatura ambiente: perfecta. Olas: perfectas. A todo esto, en la línea del horizonte, las últimas luces del día.

Ha sido un baño corto, apenas 15′. Pero en 15′ me he sentido el amo del mundo. Toda la bahía estaba para mi. Ha habido un momento en el que he gritado “soy el amo del mundo”. Porque la sensación que tenía era, simplemente, de ser el amo del mundo. Ojalá algún día se puedan transmitir sensaciones de manera digital, porque me encantaría que pudierais disfrutar de lo que he sentido esta tarde.

Y ahora estoy escribiendo este post desde la terraza de mi casa. Con la música bajita de la banda sonora del Rey Arturo (Hans Zimmer, eres de lo mejorcito del mundo), y escuchando los grillos de fondo.

A veces me siento realmente afortunado. Simplemente quería compartirlo con vosotros.

Hauxe bai egun ona. Ez dugu atzerrira joan behar benetan paradisuez gozatzeko, gure artean baititugu. Egitan. Saia zaitezte egunen batean momentu horietaz gozatu. Pena merezi du ta.

Os dejo con los grillos y los ladridos de fondo. Y Hans Zimmer acompañando…