Iepa,

hace unos días se conmemoraba el 60 aniversario de la liberación de los campos de concerntración de Auschwitz, que , por si no lo sabíais son tres. El más famoso, Birkenau, el del tren, fue casi completamente derruido por lo nazis antes de poder liberarlo por los aliados. El tercero no tuve posibilidad de verlo.

Afortunadamente el más pequeño de los dos no fue derruido, y está prácticamente igual a como lo dejaron los nazis. Sin embargo el gobierno polaco, inteligente él, ha decidido reconvertirlo en museo nacional.

Existen visitas guiadas en varios idiomas (inglés, francés, italiano y español, si mal no recuerdo), que explican absolutamente todo el “funcionamiento” de tan terrible máquina de matar.

Hay detalles espeluznantes, como vitrinas en las que hay gafas, montones de gafas. Otras en las que hay ropa de niño (casi ni me atreví a mirar). El catálogo es realmente atroz.

Pero, si duda, lo más impactante fue la cámara de gas. Aquel día me harté a tomar fotos, pero en ese lugar, no me “atreví” a sacar ninguna. Me pareció que podría violar la intimidad de todas aquellas personas que perecieron allí. Y no hice foto ni de la cámara de gas ni del crematorio.

Entre tanta desolación (recuerdo llorar varias veces con los relatos de la guía, y las imágenes que se desplegaban ante mis ojos), al final de la visita vi una señal de vida, que no se me olvidará nunca. A la salida de la cámara de gas había una pareja de skinheads, completamente hechos polvo, llorando, como no he visto llorar en mi vida a nadie. Como si se sintieran complices de todo aquello que había pasado.

El gobierno polaco lo conserva para que “elmundo aprenda” y no se vuelva a repetir. Aquel día dos personas vieron la luz. Porque por primera vez, la historia no la escribían únicamente los que ganan.

Ta horri esker, espero dut sekula ere ez halako gertaerak izatea. Istoriak berak izan behar luke guretzako gida eta kontseilua, iraganeko akatsak berriz ez egitearren.

Hasta la próxima, mis queridos hobbits