Es el nombre que tanto gusta a los que vamos a pescar. Es el definitivo “Ja!, caíste maldito“. Pero no, esta vez no ha sido así. Unas cuantas horas dando vueltas por la costa (a unas 20 millas mar adentro), pero al final nada de nada. Y es que no se puede pescar si no están en la superficie.

Siempre queda el consuelo de decir que sólo nos han faltado 20 piezas para llegar al cupo que permite la ley ;-)

Pero salir mar adentro siempre es reparador. Cuando la mente está tan saturada de cosas, el corazón lleno de sentimientos contradictorios, y el espíritu sin descanso, no hay nada como salir, verte solo, rodeado de mar, solo agua. Tu y el elemento. Como si hablaras con La Madre Naturaleza. Atemporal. Como si se parara todo. Es un sentimiento de agradecimiento, de relax, de encontrarte con uno mismo.

Y es que no siempre se puede pescar, no?

PD: Por lo menos estoy quitando el blanco nuclear que tenía por color de piel…