Ayer me pasó una cosa bastante curiosa. La historia empieza el sábado. Hablo con el vieeeejo Mike y quedamos para entrenar. Bien, txatxi, genial. Todo es maravilloso hasta que justo cuando estoy haciendo la bolsa me acuerdo que mi ama se había llevado el cinturón para ponerle el câp (alias trocito de tela amarilla que distingue el grado que aprobé la semana pasada).

Llego al gimnasio y le pido a Joaquín un cinturón (suelen tener alguno) y me deja uno amarillo(1er Đẳng). No puedo evitar sonreír. Para mí el cinturón amarillo es LA meta. Es el grado actual de Mikel, que lleva 7 años practicando. Y a parte tiene unas cualidades… buf! que ya las quisiera para mí.

El hecho es que bajamos a entrenar. Estamos cada uno por nuestro lado haciendo nuestras historias. Que si posiciones, que si patadas, que si unoschiến lược (pronunciado “chenlu”), que si unos quyens… Pues eso, cada uno a lo suyo.

Nos juntamos luego, y le comento para hacer el Song luyện một, que es el primero de los combates codificados. Es decir, hay una serie de técnicas y contratécnicas a realizar en un oprden determinado. Mikel es subcampeón del mundo haciendo el 3º con Dani, otro del gimnasio.

Pues eso, la imagen es, cuanto menos graciosa. Dos cinturones amarillos enfrentados que empiezan a practicar la forma… Y surgen los problemas. Me empiezo a equivocar, le lío a Mikel, de repente me quedo en blanco, le doy un rodillazo sin querer por no saltar lo suficiente… En fin le digo que lo dejemos. No estoy centrado.

Vuelvo para casa y empiezo a pensar, en que llevaba puesto el cinturón que ansío, en que estaba practicando con alguien a quien ya le han tentado de otros sitios para que vaya a dar clase, y sin embargo, tengo que seguir trabajando. Mejorando, practicando. Tengo que seguir mejorando mis condiciones físicas (elasticidad sobre todo).

Y es que cada cosa tiene su tiempo. Somos la sociedad del AQUI y AHORA. De la instantaneidad. Y ayer recordé que todo tiene un camino, y unos tiempos. Y a días de hoy, soy un primer câp. Recientito además. Ha sido un buen recordatorio de humildad.

Bidea luzea da, ta denborak berak jarriko nau behar dudan lekuan. Xumetasunez ta apaltasunez onartu behar dugu non gauden, nortzuk garen eta gure mugak.