Calor. Se ha metido dentro de la casa. Un sentimiento de agobio de agobio se apodera de mí. Salgo a la terraza, y un recuerdo, inspirado por no se qué recorre mi cuerpo. Un flash.

De repente me veo, entrando en aquel restaurante. Rodeado de toda aquella gente. Amigos, compañeros. Gente con la que compartí 2 años de intenso esfuerzo. Aquel regalo, una pequeña lámpara de aceite. Gracias por haberte consumido para darnos luz, rezaba la postal.

Lo recuerdo como si fuera hoy.

Completamente emocionado, intenté decir unas palabras, que se negaron a salir. Callé y les miré a todos. Pasaron 40 segundos y seguía sin poder decir nada. Las lágrimas de la emoción se agolparon en mis ojos, y corrieron. Terminé por contagiar aquella emoción a las 18 personas de la mesa.

Aquella misma noche, en aquellos jardines, hablamos de la grandeza del ser humano, del optimismo, de cambiar el mundo. Subimos a la zona prohibida, el tejado. Disfrutamos de la visión de la Roma nocturna. Esto no se me olvida en la vida, dije. 2 años después y lo guardo como un tesoro.

La noche de los silencios, de las miradas. Éramos un equipo. Habíamos sufrido, habíamos dejado vacaciones, amigos… por un sueño. Mision posible: Un sueño compartido. Casualidad, ayer hizo 2 años. Fue el último domingo de Julio. ¿Casualidad?

Bizitzak eman didan gauzarik zoriontzuenetariko bat. Barrutik hustuz, kanpotik zoriontsu. Milesker bizitzari eman zidan aukeragatik. Nirekin zaudete.