Mar 14 Abr 2009
Soy un afortunado. He ido a ver por cuarta vez al circo del sol. Esta vez he ido a ver el espectáculo Varekai, inspirado en la fábula de Ícaro, que una vez cae de su infructuoso vuelo, en vez de morir, va a parar al bosque Varekai. Un lugar mágico en el que criaturas imposibles aparecen e interactúan con él.

Ver el circo del sol no es ver circo tradicional. Es un espectáculo sin animales, hilvanado por una historia preciosa, aderezado por música en directo, trajes preciosos, y números acrobáticos. Una forma de arte que es imposible ver en cualquier otro sitio.
Y que os voy a decir, que por mucho que pagues, no hay una sola vez que salgas del grand chapiteau pensando que no merece la pena lo que pagas. Impresionante. Desde el comienzo hasta el final.
Artistikoki sekula ez duzu ikusiko halakorik. Joaten bazarete, arreta handia lehenengo artistari, Ikaroren papera egiten duenari: plastikoki paregabea, eta ederra guztiz. Umea berriz sentiarazten naute, momentu oro harritzen zaituzte, ahal ez dena zure aurrean egiten.
Hor egongo naiz hurrengoan ere!
Abril 15th, 2009 at 1:51
Vive le Québec!
Ni ere zu bezala irten nintzen zirkotik. Agian honetan ez da Dralionen bezain potentea baina zuk diozunez, plastikozki gutiz ederra!
Besarkada bat!
(Yo salí como tú del circo. Quizá en esta ocasión no es tan potente como en Dralion, pero como tú dices, en la plasticidad es sublime!
Un abrazo!)